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Mostrando entradas de febrero 4, 2024

Huesos

  Los huesos crecieron , se fortalecieron ante el incesante vaivén del día y la noche; donde las lluvias aligeraron el peso caído de las maletas cargadas de un equipaje ajeno.  La luz del sol fue creando historias , largas frases que le acompañaron en su viaje hacia dentro; donde los sueños llegaban con la brisa, y el tiempo para vivirlo pasaba en el parpadeo del reloj.  Aquella que fui, como la muñeca rusa que crece sobre sí misma , hecha con la misma cerámica, con los mismos ojos. La que se sembró en la tierra fértil y dejó regar sus flores allá donde hubo viento. Los pies recordando los pasos que había dado. Hasta llegar al punto donde estoy ahora; con el cosquilleo de siempre, con el que me movía en la cama con el pijama rosado. Aquella sobre la que reposo en el incesante cambio.

El amargo del chocolate

Recuerdo cuando te vi aquella última vez y tus ojos palpitaban y me decías que el color verde era tu preferido. Cuando era ese tiempo sin tiempo donde el reloj inventaba las horas y las estrellas eran vistas de día. La gente me decía que aquello no era amor sino emoción y que me debía dar cuenta que entre el dulzor del chocolate se esconde el amargo. Me resistía a pensar que aquello no era otra cosa que amor en mayúsculas cuando el mundo era una sonrisa permanente y los dedos alas de mariposa.  El reloj dejó pasar sus horas y el aire nubífero trajo las primeras tormentas en las que nuestros paraguas no tapaban de la lluvia. El frío nos caló en los huesos, el chocolate se derritió y sólo pude saborear su dulzor lamiendo las manos, se apagaron las sonrisas , se arrugaron los labios.

Reflejos

  Reflejos donde la sombra hace paso a la luz, y la luz crea entre sus destellos remolinos de viento.  Aquel viento que susurra el primer sonido del fuego.  Donde el aire seco resalta los surcos de la piel por donde transitaron caminos; caminos en espiral, con puntos muertos, con curvas donde el cinturón sostiene el soplido que hace temblar al cuerpo. Alzo los ojos y encuentro una señal pintada en un tinte diluido en agua que dice: Destino.  Una flecha señala una dirección mientras bajo mis ojos para escribir aquella palabra. La leo en voz baja, mientras busco su significado.