Cartografía humana
En aquel rincón, su voz suave dulce, como un adagio moviéndose lentamente al ritmo de las olas.
En su corazón se escuchaba un eco pausado, que reposaba mirando a las palomas de aquel banco.
Sus huellas en la misma carretera con un aliento predecible. Los amaneceres transcurrían serenos entre su cama de algodón. Nunca sintió más, que aquello que podía recibir, tapando dentro de sí, el sonido estridente.
El tiempo pasa, encartonando su piel, sin sentir la brisa que sopla hacia el otro lado.
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