Un 5 de Diciembre

 El día me encontró con la cara vacía de expresión , los párpados caídos y una mueca mustia en la boca. 

El aire levantó mis cabellos como si una nube los quisiera cepillar y susurró en mi oído: "tristeza". 

Desalojé mi equipaje, dejé ir su peso en un profundo llanto a la tierra. 

En esa tierra húmeda el viento me abrazó en todas las direcciones, hasta que me convenció que era ligera y que podía moverme como él.

Eché una última mirada a mi equipaje. Su ausencia parecía un hueco por rellenar en mi cuerpo, siendo en realidad un precioso vacío por el que comenzó a cosquillear la brisa. 

Seguí caminando. En aquel camino donde la hierba pintaba de verde cada palabra, convirtiéndolo en un sendero de musgo.

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