Escamas
La piel inició a separarse como si se fuese cuarteando: en cada respiro dolían sus grietas y la lluvia caía entre los surcos de los pliegues.
Pensaba que sus parpados caerían por toda esa lluvia y que su corazón solo andaría entre los charcos.
A las grietas le sucedieron las escamas, en las que iniciaba a percibir una nueva superficie casi a punto de asomarse.
Se sacudió lo que quedaba de su anterior piel, un polvo blanco que dejó caer hacia la tierra.
La mañana siguiente amaneció con una piel nueva con la que salió de la cueva para recibir sol.
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